jueves, 13 de enero de 2011

La muerte desde otro punto de vista

¿Hay algo peor que la muerte de alguien cercano? bien, ciertamente sólo he vivido para contar el deceso físico de una persona relacionada a mi, hace algunos años ya. Todo el mundo, hoy, la recuerda...algunos entre lágrimas y otros, como yo, con alegría por lo que fue su vida...ya tenía edad avanzada, y morir es parte del ciclo.

Desde siempre, y ahora más que nunca, he creído firmemente que nuestra alma o espíritu es inmortal, jamás morimos. De allí viene la frase cliché que todos usamos para dar ánimos cuando parte alguien, "él-ella siempre estará con nosotros". Y aunque esté gastada la oración, es cierto. Lo sé porque aquella persona cercana a mí se me presentó en un hermoso vestido y con una sonrisa que sólo irradiaba la paz que el creador brinda a sus hijos.


Ahora bien, tal vez muchos imaginan que la muerte física es lo peor, pero no es así. Al menos, cuando se va alguien, tenemos el consuelo de que su alma siempre estará ligada a la nuestra. Aunque no podamos ver a esa persona querida materializada en este mundo físico, siempre sabremos que su esencia sigue siendo, permamentemente, parte de nosotros...unos incluso tienen dones especiales que les permiten sentir, ver u oir.

 Suelta mi mano

Pero...¿qué pasa cuando sabes que esa alma, por cualquier motivo que fuere, cortó el lazo para siempre? muera o no físicamente, es mucho peor que llorar el real fallecimiento. Es como lamentar una muerte premeditada, como si se fuera aquel consuelo que te dice que él-ella siempre estará contigo...simplemente sabes que no será así.

El despegue físico no duele tanto como saber que no existen vínculos entre tu alma y esa otra por la que nació un sentimiento, no importa cual fuese. Sin embargo, no se puede uno atar a una cuerda rota...pero cómo lastima saberlo.

Entonces, pido disculpas a aquellos que, tal vez, buscaban palabras de consuelo por aquellos que se han ido de sus vidas y que han pasado a ser parte del paraíso de almas blancas...pero, como se habrán dado cuenta, no es la muerte física la que lloro en esta ocasión. Es aquel sentimiento de vacío que está cuando se corta un lazo que se creía indestructible. Lloro sobre las cenizas de un entierro obligado y sin funeral decente. Ojalá tantos en los que pienso ahora pudieran imaginar lo que eso se siente.





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